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Los días oscuros

No importa el motivo ahora, pero hay días que amanecen oscuros. Son esos días malnacidos en que nos metemos de lleno al hoyo de nuestros vicios e imprudencias. Días negros, malditos. Están cargados de rabia, odio, frustración, decepción y cólera. Estos sentimientos hacen de la oscuridad un lugar acogedor desde donde disparamos los dardos envenenados más certeros para desmenuzar lo que hemos construido o lo que tanto nos costó amar. Nos convertimos en esa parte del universo, la que absorbe todo a su paso, incluyendo la luz de las estrellas y los pedacitos estelares de pan, somos agujeros negros en plena y orgullosa acción. ¡Así se van al carajo "esos días maravillosos" y se acabaron las "palabras de amor" para todos! Sí pues, esas caídas en el hoyo de nuestras negras emociones son constantes en nosotros los seres ordinarios. Sí pues, la furia, la rabia y todo aquello es parte de nuestra vida y así será siempre, hasta que aprendamos a manejarlas. Pero hasta que eso p...

Las primeras veces con la Vieja Sabia (Ayahuasca)

No me siento un experto, mucho menos un especialista, solo tengo la sensación de caminar firme, en línea y hacia el claro. Sí, veo tormentas y partes oscuras, pero entraré en ellas con los ojos cerrados y la lumbre que llevo.  Recuerdo mis primeros pasos, pero no con el orgullo del ahora, sino con la humildad del eterno aprendiz. Nunca sentí el llamado verdadero, ni tuve el sueño que provoca insomnio, ni apareció la frase enigmática, ni la magia estuvo presente; llegué a la Vieja Sabia por curiosidad y aún así me acogió. A veces pienso que Ella no te llama, solo la encuentras en tu camino, y si crees en lo que viste entonces giras.  Sonrío, porque ayer saciaba mi curiosidad, ansiaba pedacitos de paz y deseaba más visiones reveladoras, quería, en pocas palabras, la "droga" del fin de semana. Hasta que un día sentí morir [ahora mi sonrisa desaparece] y supe que estaba en todas partes y que todo estaba en mí. Entonces nació la postura, el paso firme y la revelación de mi Propósi...

La historia que no sé y los sentimientos que no quiero

Varios hechos del pasado han tocado mi memoria hoy. Una profesora de historia me dice "mañana juega Perú contra Chile, Perú 2, Chile 0, hay que ganar a los chilenos"; sus palabras están cargadas del tipo de emociones que no corresponden al entusiasmo deportivo, y tratan de inducirme patriotismo terruñero. Otro amigo, de Cataluña, me recuerda cómo la Reina Española, la Católica, se llenó los bolsillos con las riquezas que sus comedidos, los Castellanos, quitaron a los incas... me lo dice con tal vehemencia, como si la reina lo estuviera escuchando y todos los castellanos mirándolo sin poder hablar, pero me lo recuerda para que reaccione y me aúne a su estirpe de regionalista sometido. Una estudiante norteamericana, temerosa del Dios protestante, sin ocultar su enfado me relata las desgracias que cometieron los Católicos al destruir la religión de los andes; mientras ella trata de sentir el llanto del pellejo ajeno, quiere despertar en mí al inca indómito, el poder de la Pacham...

Esos días maravillosos

Recuerdo el mensaje del viento en mi cara, los consejos de la lluvia sobre mis hombros, el claro discurrir del agua sobre el barro, los cerros con sus pies estables y reposados, el ánimo pausado de los árboles y el andar de los bichitos a mi alrededor.  Sentado en la acogedora maternidad de la tierra y con el corazón apretujado por el universo y su infinidad, respiro suave y tranquilamente, sonriendo en mi interior mas no en mis labios. Siento que la paz está en mí, siento que la paz soy yo. Todo a mi alrededor tiene sentido, vida y sentimiento. Así lo creo y lo veo claramente, más aún, soy parte de todo ello, es decir, una infinitésima y pequeñísima parte, casi nada, talvez un alguito, pero eso soy y allí existo.  Me alimento de la fuerza de quienes ahora me rodean. Soy luz, armonía, vuelo, movimiento, color, dulzura, canto, sabiduría, exactitud, decisión, quietud, voluntad, alegría y fe. Soy maravilloso y todo lo maravilloso me rodea. Nada existe sin mí y yo no existo sin el...

¿La muerte te sienta bien?

Hay una pregunta que a veces invade nuestro pensamiento ¿Qué pasaría si muero? Piénsalo, miedo y desesperación son los sentimientos que la mayor parte del tiempo condicionan la respuesta, aunque algunos, para saltarse el miedo, imaginan una forma bonita de morir. La muerte es un hecho inesperado y a veces, cuando la mente está perturbada, se planifica. Pero cualquiera sea la situación, la muerte es inminente. Si tienes miedo a la muerte o la planificas, entonces le tienes miedo a la vida, o mejor dicho, le tienes miedo a tu vida y a todas las cosas que pasan en ella. Tienes miedo a estar ausente por siempre, miedo de no ser nada, miedo de perder tu destino, miedo de no cumplir tus sueños y planes, miedo de no ver crecer a tus hijos, miedo de desacelerar cuando estás en la carrera de tu vida y miedo del propio miedo de los demás. Estás atrapado por el miedo. Estás encarcelado en la incertidumbre. Tu mente piensa en ello todo el tiempo, aunque sabes que desaparecerá solo cuando mueras. ...

Palabras de amor

Ojalá todos estemos de acuerdo con esta frase bastante conocida: "una palabra tuya bastará para sanarme". Con nuestras palabras trasmitimos más que ideas, nos trasladamos hacia otras personas, nos incorporamos a ellas. Nuestras palabras son una forma de extendernos hacia los demás. Hay palabras duras, como gruesos ronquidos furibundos, y palabras tenues, como suaves aleteos de mariposa. Antes de hablar, buscamos las palabras en nuestra memoria, pero son los sentimientos que las eligen. Voy a contarles una historia. Conozco a un hombre, es como un toro macizo, sin gestos ni alardes infantiles, siempre firme y dispuesto a la riña. Se menea como anhelando su último día en la arena sin importar ante quién o quiénes ha de caer. Así es con todos y en todo momento, pero masculla ternura frente a su última becerra, se entretiene al quitarse el corazón para que ella lo beba, se derrite en gestos imposibles para robarle una sonrisa. Y así van ambos, entre el umbral del amor y el impuls...

El pasado frente a ti

He oído repetidas veces que debo olvidar mi pasado para vivir tranquilo el presente. Lo he intentado y considero que lo hice muy bien; me di la tarea de enterrar varios de esos acontecimientos desagradables y he guardado para mi gozo aquellos maravillosos. Un sentimiento de felicidad se apoderó de mí fácilmente por el logro, aunque luego noté que aquello era efímero, porque de pronto el pasado saltó sobre mí, no como una idea (ya que estaba enterrada), sino en el rostro de una persona que vi mientras caminaba... Después del sobresalto, me convencí de que el pasado nunca muere, ni se olvida, sólo descansa en los remansos de la memoria para brotar estrepitosa y repentinamente en nuestras narices, sea a través de nuestros recónditos sueños o en las infinitas probabilidades de la vida cotidiana. La verdad que en ese momento no tuve cara para enfrentar mi pasado. Pero luego de la reflexión inminente la acción fluyó con serenidad: decidí enfrentar ese rostro del pasado, mirarlo con frente a...