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Los extinguidores de la cultura Wachiperi


Hace más de 10 años que conozco a los habitantes de la comunidad nativa de Queros, y recientemente a los de Santa Rosa de Huacaria, en el distrito de Kosñipata, provincia de Paucartambo, Cusco. Ambos comparten un hilo cultural que se está debilitando paulatinamente hasta quebrarse si antes no ponemos los puntos en claro.


En estas comunidades viven los indígenas amazónicos autodenominados Wachiperi, antes conocidos como Huachiperis, que son una rama dialectal del pueblo Harakbut. Los antropólogos y otros especialistas de la cultura han determinado que los Wachiperi están volteando la indeseable curva de la extinción cultural. La población quechua y mestiza local, y en general la opinión pública, también advierten sobre la "pérdida de la identidad indígena”, incluso, dada la situación, los niegan como indígenas. Así pues, es consenso entre los extraños que los Wachiperi están en extinción. Por momentos este discurso científico y popular alcanzó las mentes de los Wachiperi, quienes, en cambio, intentan rehacer su hilo cultural con fibras ancestrales y procedimientos modernizadores sin el peso (mejor dicho sin el trauma ajeno) de la extinción. 

Traducido al castellano, Wachiperi quiere decir “los que hacen puentes”. Y sí, esa denominación que les pusieron hace mucho tiempo otras personas sirve ahora de metáfora. En efecto, considero que los Wachiperi atraviesan un puente que ellos mismos han construido, un puente para la continuidad. Un puente que empezó a construirse con bases tradicionales y en el que paulatinamente se incluye materiales modernos. Un puente que sale de su comunidad y aterriza en la ciudad. Un puente de transición, de transformación, de integración. Pero esta obra les ha costado mucho, como dejar atrás el llanto de los acontecimientos del pasado y olvidar las prácticas ancestrales, las que ahora se recuerdan con nostalgia. Aún así, agarraron sus cosas y sentimientos para cruzar el puente con la seguridad de que al final encontrarán más insumos y herramientas que les permitan seguir hilando sus pautas culturales. Pero hay quienes los desorientan. Son esos profesionales egocéntricos, esos burócratas sentimentales, esos oenegeros mentecatos, que ubicados en uno u otro lado del puente les gritan para que avancen o retrocedan. Estos foráneos, entusiastas empedernidos mientras les dure el salario, no tienen pueblo, pero sí buscan prestigio, reconocimiento y alargar el currículum. Así pues, cada uno de estos actores, con extinguidor en mano, trata de salvar la cultura ancestral de los Wachiperi, pero como resulta obvio, el polvo de los extinguidores disperso en el ojo humano no hace otra cosa que aturdir, desorientar y maniatar.

Bajo estas condiciones, los hiladores de la cultura no pueden identificar cabo ni rabo, mucho menos empezar a hilar otra vez, es decir, empezar a reinventarse. Personalmente la diversidad cultural y la extinción cultural me parecen dos de las falacias más grandes de nuestra época, porque están sustentadas en un tiempo y en un espacio cronológico lineal. Si el tiempo es cíclico, como lo entienden la mayoría de los pueblos indígenas, entonces son los ciclos del tiempo y del espacio que dinamizan las transformaciones culturales y ponen o deponen cada vez instrumentos y tendencias.  No hay diversidad cultural, hay un mosaico de culturas que se han ido transformando a lo largo de lo que conocemos como tiempo y espacio. No hay extinción cultural, hay un mosaico de culturas que seguirán transformándose a lo largo de lo que conocemos como tiempo y espacio.

Así pues, funcionarios y profesionales que abrazan con tesón la solución a problemas ajenos, tengan a bien soltar sus extintores. Ya tranquilos y en silencio, con el corazón abierto y llenos de compromiso, de una vez por todas pasen el puente junto a los Wachiperi, acompáñenlos en su ciclo de transformación, el cual, en el momento, adolece de dignidad, respeto, igualdad, inclusión, representatividad, fortaleza, solvencia, sinceridad, sanación y espiritualidad.

Comentarios

  1. Hola Donaldo.
    Gracias por el envío de tu articulo sobre los Wachiperi.
    Me gustaría saber ... ¿no crees que si ellos están perdiendo su idioma, su música, por ejemplo, no se podría/debería apoyarlos en recuperarlos? O eso debería ser parte del proceso de su propia comunidad?
    Creo que el tema es complejo... cuando ellos buscan que se les apoye para recuperar su idioma y/o su música... es que realmente quieren eso? ¿o es una forma de conseguir apoyo económico que también requieren??
    Me parece que el tema es complejo, pero me gustaría saber tu opinión
    SAludos,...
    Carmen.

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    Respuestas
    1. Hola Carmencita!!
      Bueno, preguntas filudas las que haces, y aunque hubieron y hay mil respuestas el filo nunca se les pasa!! Ja, ja, ja.
      En Queros la estructura de su cultura ancestral se ha transformado radicalmente hace 50 – 70 años, y ahora sólo son recuerdos del pasado que brotan de vez en cuando, pero son solo eso, recuerdos y no prácticas cotidianas. Esta situación es difícil de entender para muchas personas, especialmente por aquellas que pretenden salvaguardar la cultura indígena. Pero para los Queros es una situación saldada, hace tiempo que ya voltearon la página y miran hacia la modernidad como fuente de transformación. Claro que, de vez en cuando y siempre empujados por externos, rememoran su cultura ancestral y firman a puño recuperar esos recuerdos, pero al final, el entusiasmo inyectado se desvanece ante la realidad y las decisiones ya tomadas.
      Lo que sí me queda claro, es que fue una de esas herramientas de la modernidad la que impulsó la reinvención esporádica de las practicas ancestrales Wachiperis. Sí, fue el turismo, una actividad rentable para ellos. Pero es una reinvención práctica, porque sólo se manifiesta mientras haya turistas, dado que en los demás espacios desaparece. Entonces, talvez, ni tanto reinvención, sino más bien es una recreación contemporánea de prácticas ancestrales. Entonces considero que las instituciones culturales y todas aquellas que tienen injerencia en Queros, deberían apoyarlos en este proceso de reinvención o recreación, que es una actitud de avanzada hacia el final del puente.
      Bueno pues, hasta allí.
      Abrazos,

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  2. Donaldo con sus reflexiones, como siempre deja a uno con otras muchas preguntas con relación a la cultura Wachiperi de Queros. Soy una de las personas que estuvo de visita a Queros a fines de los setenta cuando Mariano, Alejandro (QED) y otros estaban en su plenitud, por entonces de reciente reconocimiento por el gobierno peruano como comunidad nativa con líderes y población con mucha esperanza de ser grandes y respetados como antes, posteriormente los ochenta observe en el puente Pillcopata cuando Alejandro Jahuanchi apreció frente a Alan García para inauguración del puente Pillcopata por dos jefes, los noventa visite a Queros en muchas oportunidades con el interés de entender a esta cultura y hace días atrás nuevamente volví a Queros en su 38 aniversario de reconocimiento como comunidad nativa.
    De ese recorrer por estas tierras ajenas a mi cultura andina pero de espíritu amazónico, puedo decir que los Wachiperi de los setenta eran todavía de poca influencia andina o mestiza, pero con mucho interés en relacionarse con la cultura occidental andina, los 80 estuvieron bastante articulados con los inmigrantes especialmente con la comercialización de la madera, los 90 un mestizaje de por lo dos familias y mayor relación con la sociedad occidental, en este milenio se observa una convivencia de la cultura Wachiperi y la occidental de procedencia andina, en este contexto mi percepción no es de extinción cultural sino un acomodamiento o aprendizaje del entorno externo y fortalecimiento cultural interno tradicional, por ejemplo en la última festividad de Queros se observó, que mantienen viviendas al estilo Wachiperi aunque las paredes son de madera aserrada, comidas y masato tradicional, hombres y mujeres hablando su idioma entre ellos y español con los visitantes, con optimismo de conservar su lengua con el diccionario de la lengua Harakmbut en preparación, participan en la gestión de la Reserva Comunal Amarakaeri, están aprendiendo gestionar una Concesión para la Conservación, etc… en resumen podemos decir que está en práctica la interculturalidad?.
    Finalmente las reflexiones de Donaldo y de otros nos hacen preguntar. Entonces que hacer para coadyuvar al fortalecimiento cultural o no extinción de la cultura Wachiperi, pregunta que también hice a una Wachiperi con nivel académico universitario y me respondió “tú que estas entre estas culturas hace tiempo no tienes respuestas menos tendré yo” , eso creo que llama la atención a pensar colectivamente al respecto, de cómo actuar. Disculpas por las incoherencias no especializadas en el tema.

    Saludos

    modesto

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    Respuestas
    1. Señor Modesto, gigantesca su experiencia para articular las posturas y reflexiones. Hace usted dos preguntas que exigen respuestas desde hace mucho tiempo atrás, aunque sobre la segunda tengo mis dudas, no sé si vale la pena esforzarse en responderla.
      ¿Está en práctica la Interculturalidad? ¿Qué hacer para coadyuvar el fortalecimiento cultural de los Wachiperi?
      A la primera pregunta, la respuesta me queda bien clara: NO, no hay interculturalidad. Sí, sí hay convivencia, por lo menos en el plano superficial, pero eso no quiere decir interculturalidad de ninguna manera. Saldrían muchos ejemplos si exploramos detenidamente las relaciones internas de la comunidad y la incidencia de las instituciones públicas y privadas. Y voy a decirlo claramente, TODAS las actividades que se están desarrollando para salvaguardar la cultura Wachiperi y para incentivar a la conservación de la naturaleza, fueron construidas en un marco de convivencia, no de interculturalidad, fueron construidas bajo supuestos y exigencias externas y legitimadas por esperanzas o indiferencias internas. Esta falla de nacimiento trae como consecuencia que todo proceso sea intermitente, insostenible y de impacto limitado en tiempo y espacio.
      Sobre la segunda pregunta, sinceramente pienso que deberíamos dejar de hacerla, incluso dejar de fastidiar a los Wachiperi con ella. Resulta molesto molestar a otras personas con nuestras propias molestias. Hay que cambiar el modo en que estamos abordando el tema: Dejemos de pensar en la "cultura Wachiperi", hablemos del pueblo Wachiperi, de la gente Wachiperi, de la humanidad Wachiperi; pensemos en esas cosas que nos hacen comunes, que nos unen a ellos; pensemos en esas cosas que nosotros también buscamos a lo largo de nuestra existencia, esas cosas por las que luchamos con ahínco; salgamos de las orillas y pasemos el puente con ellos retorciendo en el camino los obstáculos que nos impiden alcanzar dignidad, respeto, igualdad, inclusión, representatividad, sabiduría y sanación.
      Si los Wachiperi (y nosotros mismos) estamos pasando el puente de la vida, hay que hacerlo con la mirada transparente, la cabeza en alto, el pecho erguido, el corazón en la mano, la palabra firme y la Fe en aumento.
      Necesitamos el ejemplo de aquel Wachiperi fantástico que atraviesa el puente con todos los requisitos y que además lleva el "arco tensado" (el pensamiento) y la flecha en mira (la palabra), por si alguno intenta impedir la salida. Esos humanos sin etiqueta valen por 100.

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  3. Muy interesante estas reflexiones sobre el pueblo Wachiperi, sobre todo porque he vivido en Manu y me especializo en Ecoturismo desde hace 12 años, acabe mi carrera de Turismo y en breve me estare graduando como licenciado con una tesis sobre el pueblo de Huacaria, no es que sea el "sabelo todo" pero; el hecho de dedicarme a detallar por un tiempo el contexto para plantear el problema, creo que me ha hecho resaltar lo practico de la situacion, suena bien "cruzar el puente" pero solo eso, quizas la usemos como letra de una cancion nostálgica que al final no ayuda ni cambia nada, la realidad es que los Wachiperis como los matsiguencas provienen de un sistema diferente que no se adecua a este sistema, ya mi padre solia explicarme, "la selva no le pertenece a nadie pero es para todos", los profesionales y los serranos tienen dificultad para practicar eso, NUNCA LO SIENTEN, y aunque es admirable como estos pueblos nativos han convivido en armonía con la selva, es otro el sistema que predomina y que los fuerza a cambiar a un ritmo que el entendimiento queda roto, "ya no podemos vivir como sabemos" diría yo, y el bendito puente es tan corto, ¿que no se luche por fortalecer la cultura wachiperi?, se hace tan dificil a caso entender que no sabemos como vivir y de manera SOSTENIBLE en un nuevo sistema? es iluso pensar que haya sostenibilidad e inclusion en las actividades incipientes de los nativos para este sistema como es la madera y la agricultura mientras ciudades con profesionales especializados no lo hacen, CRUCEMOS EL PUENTE, no es la solucion a nada, hay que pensar cuanto hacemos para que ese pueblo obtenga dignidad y respeto en este nuevo sistema, y eso es capacitación, conocimiento que le permita conseguir lo que necesita y pensar en un futuro mejor, si le preguntamos a un wachiperi si se necesita fortalecer su cultura, lo mas probable es que no diga la respuesta, pues tendra que considerar que en el colegio siempre se han burlado de su lengua, de sus tradiciones, que los curas les han dicho que sus creencias son pecado y que la unica forma de ser aceptados es parecerse mas a los inmigrantes, ¿que podria responder con estas consideraciones? será correcto o sera la mejor via de desarrollo hacer caso a sus consideraciones que son reales?
    bueno, creo que me quedo corto con este tema, si alguien tiene alguna idea de que hacer para mejorar esa condicion de lamentable subdesarrollo que contrasta con la inmensa riqueza cultural y natural de los pueblos wachiperi y matsiguenka, le agradecere hacermelo saber.
    Fredy Dominguez Valdivia

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